PIEL DE NARANJA Y LIMÓN CONFITADA
Cada vez que necesito naranja o limón
confitada y no tengo en la despensa es como si comenzara la búsqueda del Santo
Grial,. no hay forma, ni supermercados grandes, ni chicos, ni famosos ni menos
famosos: “No señora, hasta que no entren los productos de Navidad
no tendremos “ y me pregunto yo ¿ a qué
llaman productos de Navidad?, porque el super está lleno de turrones, mantecados,
panettones (estos a mi hermana Tere y a mí nos vuelven locas, que ricos que
están, solemos comprar uno y compartirlo porque sabemos su destino: empezarlo y terminarlo como si estuviésemos
en un concurso americano de comer perritos calientes, no sé qué aroma lleva que
para mí lo hace irresistible). A lo que
vamos, que sólo tienes pieles confitadas y frutas escarchadas en Diciembre, el
resto del año que no se te ocurra hacer nada que lo contenga porque no lo vas a
encontrar así que ni se te pase por la cabeza hacer un roscón de Reyes fuera de
fecha, ni un plum cake rellenito de frutas, a no ser que….¡ lo hagamos en
casa!.
Pues
eso, que si no lo encuentras se hace en un periquete y punto pelota. Total ayer
hicimos leche
condensada, pues hoy unas pieles confitadas. A nosotros que no se nos ponga
nada por delante. Que hay que montar un secadero de jamones en la despensa,
pues se monta, faltaría!
Ingredientes:
·
Naranjas y limones a poder ser de cultivo
ecológico.
·
Azúcar
·
Agua
Elaboración:
Lavamos
con abundante agua las frutas, cepillando cuidadosamente con un cepillo la
piel. Cortamos los extremos de las naranjas y limones y hacemos unos cortes a
lo largo como si dibujásemos con el cuchillo los gajos de la fruta. Sacamos las
tiras de piel y las cortamos nuevamente a lo largo haciendo tiras, más o menos
de 0.5 cm.
Colocamos
las pieles en un cazo y las cubrimos con agua fría, las llevamos al fuego y
cuando rompa a hervir las dejamos cocer durante 1 minuto, después en el
fregadero y sobre un colador volcamos las pieles y las refrescamos con agua
fría. Volvemos a colocarlas en el cazo cubrimos nuevamente con agua y volvemos
a cocer durante otro minuto. Repetiremos esta operación 5 veces para conseguir
eliminar el amargor de las pieles.
Cuando
las tenemos cocidas y refrescadas todas las veces, la devolvemos al cazo,
cubrimos con agua (lo medimos con un vaso), hasta que queden cubiertas y
añadimos tanta azúcar como agua (si hemos puesto 1 vaso de agua añadiremos 1
vaso de azúcar), ponemos al fuego y dejamos cocer hasta que se consuma todo el
almíbar y nuestras pieles estén tiernas.Si es necesario añadimos más agua y azúcar en la misma proporción.
A
mí me gusta comerlas y utilizarlas
recién hechas, aún blandas y dulces se deshacen en la boca, pero si no las
vamos a consumir todas podemos secarlas y conservarlas en un bote. Para secarlas
las extenderlas sobre papel de hornear y las dejamos secar en un lugar donde no
les caiga polvo, por ejemplo dentro del horno apagado durante 3 0 4 días, hasta que estén totalmente secas, o
bien encender el horno a 50º C y hornearlas durante 4 o 5 horas. Yo utilizo el
primer método. Una vez secas las podemos conserva durante bastante tiempo
guardadas en un bote.












